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El caso gallego

 

  Los sepulcros romanos con yacente dormido desaparecen en el siglo II y, salvo un par de casos aislados tardomedievales, su tipología no vuelve a aparecer en Europa hasta principios del siglo XVI. Sin embargo, en Galicia y Portugal, excepcionalmente, encontramos en la época medieval un grupo de bultos funerarios durmientes que presentan al difunto vuelto hacia el espectador, acostado, con los ojos cerrados y llevándose una mano, y con ella un extremo del manto, a la mejilla, arropándose para el sueño.

  El origen de la serie se encuentra en tres sepulcros del Panteón Real de la Catedral de Santiago. Se trata de los yacentes de Fernando II (c. 1210-15), Alfonso IX (c. 1230-40) y Raimundo de Borgoña o Fernando Alfonso (c. 1220)[1]. Los tres se encuentran en la actualidad en la Capilla de las Reliquias de la Catedral compostelana y son piezas de notable calidad que presentan una sorprendente similitud iconográfica con algunos de los ejemplares etruscos y romanos que he mencionado.

 

Sepulcro de Fernando II (o Alfonso IX), Catedral de Santiago de Compostela, c. 1210-1215

Sepulcro de Fernando Alfonso (o Raimundo de Borgoña), Catedral de Santiago de Compostela, c. 1220

Sepulcro de Alfonso IX (o Fernando II), Capilla de las Reliquias de la Catedral de Santiago, 1240 c.

Sepulcro de Cotolay, Convento de San Francisco de Santiago, c. 1300

 Estas piezas excepcionales apenas tuvieron repercusiones, sólo en el bulto durmiente de un caballero sin identificar del monasterio de Pombeiro de Felgueiras (Portugal) es evidente una inspiración directa (finales del siglo XIII)[2], y algo más remota en el sepulcro de Fernão Sanches, hijo bastardo del Rey D. Dinis, en el Museo do Carmo de Lisboa (c. 1350)[3]. La postura de sueño con la mano en la mejilla se copia también en la tumba del “carbonero” Cotolay (San Francisco de Santiago, portería del convento, c. 1300), aunque estilísticamente esta obra no muestra relaciones con la escultura gallega anterior sino con los yacentes vasilloletanos de Matallana y Palazuelos[4]. Otro caso medieval gallego es el de la estatua yacente de dama de las ruinas de Santo Domingo de Pontevedra (quizá María de Ulloa, c. 1490) y otro más, dudoso por el estado en el que se encuentra la pieza, la Dama de la Corticela de Santiago, también de finales del siglo XV.

 

Tumba de Caballero, Monasterio de Pombeiro de Felgueiras, c. 1300

Tumba de Fernão Sanches Rodrigues, Convento do Carmo de Lisboa, c. 1350

 

 Serafín Moralejo señaló en 1975 lo tentador que resulta suponer una inspiración directa en un modelo clásico, aunque no se conserven casos en la Península y sean poco frecuentes en otras zonas. Podría tratarse también de una recreación original de los escultores compostelanos, basada en la tradición iconográfica del durmiente que la Edad Media conoció en otros contextos (Salomón, Nabucodonosor, San José en la Natividad,  sueño de Jessé, etc.), y es significativo comprobar como cuando a principios del siglo XVI los durmientes a la estrusca son recuperados por los escultores del Renacimiento italiano se reaviva en Galicia con gran fuerza, ahora quizá como cita culta, la tradición local de aprecio por este tipo de representaciones funerarias[5].

  Los casos gallegos del XVI, mucho más abundantes que en el resto de la Península, son los siguientes: Sepulcro de Vasco Rodríguez el Viejo (Iglesia de Beade, Ourense c. 1533); Sepulcro de D. Pedro de Losada (S. Francisco de Noia, muerto en 1527);  Sepulcro de Dª María Ozores y Silva (S. Benito de Cambados, principios del siglo XVI); Sepulcro de D. Jacome da Silva y Escudero (Iglesia de Sta Eulalia de Oeste, Catoira); Sepulcro del Prior D. Fernando Bermúdez de Castro (Sta. Mª del Campo A Coruña); Sepulcro de D. Francisco Bermúdez de Castro (S. Francisco de Noia, muerto 1575); Sepulcro del Cardenal D. Pedro Varela (Catedral de Santiago, muerto en 1574); Sepulcro de D. Mencía de Andrade (Catedral de Santiago 1582, obra documentada de Juan Bautista Celma) y Sepulcro de un Abraldes en el patio de la Puerta Santa de la Catedral de Santiago[6].

 En alguno de ellos (Dª María Ozores, Cardenal D. Pedro Varela) parece probable una inspiración en los modelos acodados tipo Sansovino, pero la mayoría no flexionan el cuerpo ni se vuelven hacia el espectador, limitándose a yacer boca arriba, con los ojos cerrados y la mano apoyada en la mejilla para indicar el sueño, siguiendo la tradición medieval iniciada a comienzos del siglo XIII en los yacentes del Panteón Real de Santiago.

 

Sepulcro de Doña María Ozores y Silva, Iglesia de San Benito de Fefiñanes (Cambados, Pontevedra), c. 1500-1525

Sepulcro de Doña Mencía de Andrade, Catedral de Santiago de Compostela, Juan Bautista Celma, 1582


 

[1] Véase MORALEJO ÁLVAREZ (1975), pp. 16-20 y (1989), véanse también YZQUIERDO PERRÍN (1993), pp. 247-50 y NÚÑEZ RODRÍGUEZ (1999), quien cuestiona (pp. 121-22), a mi entender con pobres argumentos, la atribución, propuesta por Moralejo, del yacente tenido tradicionalmente por Raimundo de Borgoña a Fernando Alfonso.

[2] DOS SANTOS (1948), I, p. 18, fig. 28.

[3] Véase RUÍZ MALDONADO (1993), VIEIRA DA SILVA (2005), fig. 1. y BORGES FÉLIX (2012). Procede de la antigua capilla del Rosario del convento dominico de Nossa Senhora da Oliveira de Santarém donde fue encontrada por Possidónio da Silva en los años 20.

[4] Vid. MORALEJO ALVAREZ (1975), p. 28.

[5] Sigo en este apartado al que fue mi profesor, por desgracia recientemente fallecido, MORALEJO ÁLVAREZ (1975), pp. 16-20.

[6] Pueden verse algunos ilustrados en CHAMOSO LAMAS (1979), pp. 101, 173, 205, 335, 473, 477, 547, 557 y 573.

 

© Julio I. González Montañés 2014.